El proceso
“La vida católica: Entre el cielo y el
infierno”,
la obra inconclusa de Kafka y la
ignorancia centenaria.
Sí.
Me atrevo. Y me atrevo a pesar de que lloverán millones de críticas si algún
día se llega a reconocer este análisis como verdadero. Dejando de un lado
opiniones personales sobre la inacabada novela “El proceso”, escrita durante la segunda década del siglo XX por
Franz Kafka, soy capaz de aventurarme a descifrar la intención con la que fue
escrita. Doy por seguro que muchos se escudarán en la ambigüedad existente en
todas y cada una de las frases de este escritor superealista, pero eso no es
más que una demostración de genialidad por parte de K., que con su peculiar
estilo ha conseguido encubrir durante un siglo uno de sus mensajes más sobrecogedores.
Y
es que, en contra de la opinión generalizada de toda la comunidad filosófica
sobre el tema central de El proceso (recuerden, la inaccesibilidad a la
justicia y a la ley), me aventuro a afirmar que el tema que rodea a esta novela
es una crítica a la forma de vida de la religión católica. Esta forma de vida,
como se muestra en muchos pasajes, exhasperante, condena a sus seguidores a un
proceso continuado hasta el final de sus días, preciso momento donde se celebra
el juicio por la acusación de vivir, llamado de otra forma, el día del juicio
final.
Este
paralelismo no es el único presente en la novela, sino que y a pesar de su
ambigüedad, cada frase está encaminada a que no contradiga este hecho.
Cualquiera puede realizar la lectura, si es que no lo hizo ya, y encontrar
todas las reseñas que verifican esta hipótesis. Desde los nombres, profesiones,
roles, actitudes de los personajes hasta las horas en las que se suceden los
acontecimientos detallan claramente que la intención final de Kafka no era otra
que, comenzando desde la opacidad de la mayoría de los sistemas judiciales (lo
abstracto), hasta culminar la novela en un ambiente extremadamente religioso
repleto de singularidades cristianas. ¿No me creen?
“Alguien tenía que haber calumniado a Josef
K., pues fue detenido una mañana sin haber hecho nada malo.”
Esa es la primera frase del
primer capítulo de la detención, y ya de primeras, dos pistas importantes: en
primer lugar el nombre del protagonista, y en segundo lugar la utilización de malo, y no delito.
Como todo
estudioso de Kafka sabe, fue común a éste la utilización de su inicial para
designar a algún personaje, es en este caso el protagonista, pero todos los
nombres de la novela indicarán algún rasgo característico de lo que el autor
pretendió esconder. Así, Kafka, o K, se considera un judío checo (en su
religión materna, o paterna según se mire, no reconoce la existencia de un
cielo o infierno, al menos de manera literal).
Todo ocurre el día que cumplía treinta años,
edad simbólica en la que Jesucristo comenzó con su ministerio.
Josef K., no
tiene porqué conocer las leyes de otra religión.
K. lleva un
estilo de vida liberal, con diversas situaciones que así lo relatan. La
indiscreción se plantea en este caso como una de las posibles causas que da
comienzo al proceso.
La primera
citación judicial, un domingo, pero sin hora concretada. A pesar de ello llega
una hora tarde a la cita. Debió presentarse a las nueve. La descripción del
lugar y personajes donde se realiza también deja entrever, aunque de manera menos
exacta, la intencionalidad. Curioso que todos llevaran al cuello el distintivo
de la organización. ¿Podía referirse a una cruz? Además, asistió para un
interrogatorio que nunca tuvo lugar. Esperaban una confesión, su confesión.
Los
empleados inferiores son esos que aún están en la tierra, donde el juez de
instrucción probablemente represente el cargo de sacristán. Están corruptos y
son fácilmente corrompidos y manipulados. No están exentos de la Ley.
Los
empleados superiores son aquellos que guardan la ley de Dios, probablemente
refiriéndose a los ángeles; son inaccesibles, inalcanzables, incorruptibles.
El
castigo por robo de un desayuno a los más inferiores empleados se lleva a cabo
mediante latigazos, a modo de redención espiritual.
El
abogado Huld (Huid=Benevolencia en yiddish), se trata de un santo venido a
menos. La figura de abogado representa la figura de los santos. Curiosa es la
aparición de Leni, una joven promiscua con un rasgo físico muy particular que,
al menos en mi pueblo, hace un siglo le habría dejado “pa´ vestir santos”.
También
es curioso que el único reproche realizado con alguna acusación formal sobre K.
sea el hecho de yacer con Leni (aunque el resto no lo viera) mientras se
celebraba tan importante reunión en la habitación del abogado en presencia del
tío y uno de los jueces.
“…mis conocidos, no posee el derecho a
otorgar una absolución definitiva, este derecho sólo lo posee el tribunal
supremo, inalcanzable para mí, para usted y para todos nosotros.”
El pintor
Titorelli es uno de los personajes más característicos. Con un apelativo
claramente italiano, se dedica a realizar retratos de jueces. No reconozco bien
a quien quiere referirse con esa figura, pero sí su importancia. Alojado por la
organización de forma gratuita en una pieza bastante pequeña, el protagonista
se ve obligado a tratar con niñas. Curiosamente es la jorobada la que lidera el
grupo. En realidad son monjas que K. trata como a niñas debido a su
infantilismo virginal; la jorobada es la madre superiora.
El dato mas
revelador sucede en la habitación de Titorelli, cuando le habla de los tipos
de absoluciones, donde sólo dos de ellas pueden conseguirse en vida, o antes
del juicio (la muerte del individuo):
La absolución
real es el cielo. Se conoce de leyendas que confirman este tipo de
absoluciones, no podría expresarse más claro. También es imposible conocer la
sentencia antes del juicio. Tintorelli debe ser una figura humana, puesto que
no tiene conocimiento de este tipo de sentencias.
La absolución
aparente es la expiación de los pecados (aún no tengo muy claro si pudo
referirse al bautismo). Entonces los jueces de rango inferior dejan de
incordiar, hasta que descubran que el acusado no procesa, dando un nuevo
comienzo al proceso.
La prórroga
indefinida se asimila con el concepto de creyente ferviente que acude a actos
religiosos y colabora intensamente con la organización.
“Era erudito pero sin contenido alguno. Ante
todo mucho latín,…” “Ha estado todo el tiempo arrodillado al pie de la cama,
con los escritos que le has dejado abiertos,…”
El comerciante
Block transmite el sentimiento de culpabilidad que puede llegar a crear una
citación semejante. Su comportamiento, cual devoto religioso, no deja de ser
llamativo tanto por sus expresiones como por su escenificación. Afirma tener en
lista a cinco abogados (santos, o tal vez pueda referirse a amuletos) además de
Huld. ¿Cómo se reúne con ellos si no se ausenta de allí?
El penúltimo
capítulo, En la catedral, revela numerosos indicios, siendo el más importante
el modo y el lugar donde se sucede la mayor parte del mismo. Su famoso relato
Ante la ley, aquí presente, representa la entrada al cielo. El tercer guardián
es Dios.
El final no
representa más que la muerte del protagonista, angustiado por la necesidad de
conocer el desenlace, que acaba sugiriendo el suicidio de Josef K.
Kafka decide
poner el punto final a la obra en el momento de conocer el veredicto.
Josef K. no
fue enterrado en campo santo.
Y
este es mi análisis sobre la que, bajo mi punto de vista, se trata de la obra
más “desconocida” de Kafka, y por esa razón, la más conseguida. Lamento dejarme
tantas cosas olvidadas (como la relación que guarda el proceso individual de K.
con la dignidad familiar), y otras que no he sido capaz de desvelar (los tres
cuadros idénticos de Titorelli) y que seguro que también tienen relevancia;
pero se trata únicamente de un primer repaso (en un segundo repaso pude dar explicación a este misterio, entre otros: El misterio de la santísima trinidad). Estoy seguro que los eruditos en
la materia sabrán encontrar todas y cada una de las referencias del autor, puesto
que aún estando en el camino equivocado me han sido de mucha ayuda para
desentrañar tan comprometida obra.
“Era como si la vergüenza debiera
sobrevivirle.”
-JUAN JOSÉ AGUILERA MUÑOZ-