miércoles, 25 de febrero de 2015

“La vida católica: Entre el cielo y el infierno”,

El proceso
“La vida católica: Entre el cielo y el infierno”,
la obra inconclusa de Kafka y la ignorancia centenaria.

            Sí. Me atrevo. Y me atrevo a pesar de que lloverán millones de críticas si algún día se llega a reconocer este análisis como verdadero. Dejando de un lado opiniones personales sobre la inacabada novela “El proceso”, escrita durante la segunda década del siglo XX por Franz Kafka, soy capaz de aventurarme a descifrar la intención con la que fue escrita. Doy por seguro que muchos se escudarán en la ambigüedad existente en todas y cada una de las frases de este escritor superealista, pero eso no es más que una demostración de genialidad por parte de K., que con su peculiar estilo ha conseguido encubrir durante un siglo uno de sus mensajes más sobrecogedores.
            Y es que, en contra de la opinión generalizada de toda la comunidad filosófica sobre el tema central de El proceso (recuerden, la inaccesibilidad a la justicia y a la ley), me aventuro a afirmar que el tema que rodea a esta novela es una crítica a la forma de vida de la religión católica. Esta forma de vida, como se muestra en muchos pasajes, exhasperante, condena a sus seguidores a un proceso continuado hasta el final de sus días, preciso momento donde se celebra el juicio por la acusación de vivir, llamado de otra forma, el día del juicio final.
            Este paralelismo no es el único presente en la novela, sino que y a pesar de su ambigüedad, cada frase está encaminada a que no contradiga este hecho. Cualquiera puede realizar la lectura, si es que no lo hizo ya, y encontrar todas las reseñas que verifican esta hipótesis. Desde los nombres, profesiones, roles, actitudes de los personajes hasta las horas en las que se suceden los acontecimientos detallan claramente que la intención final de Kafka no era otra que, comenzando desde la opacidad de la mayoría de los sistemas judiciales (lo abstracto), hasta culminar la novela en un ambiente extremadamente religioso repleto de singularidades cristianas. ¿No me creen?

            “Alguien tenía que haber calumniado a Josef K., pues fue detenido una mañana sin haber hecho nada malo.”

Esa es la primera frase del primer capítulo de la detención, y ya de primeras, dos pistas importantes: en primer lugar el nombre del protagonista, y en segundo lugar la utilización de malo, y no delito.
Como todo estudioso de Kafka sabe, fue común a éste la utilización de su inicial para designar a algún personaje, es en este caso el protagonista, pero todos los nombres de la novela indicarán algún rasgo característico de lo que el autor pretendió esconder. Así, Kafka, o K, se considera un judío checo (en su religión materna, o paterna según se mire, no reconoce la existencia de un cielo o infierno, al menos de manera literal).
  Todo ocurre el día que cumplía treinta años, edad simbólica en la que Jesucristo comenzó con su ministerio.
Josef K., no tiene porqué conocer las leyes de otra religión.
K. lleva un estilo de vida liberal, con diversas situaciones que así lo relatan. La indiscreción se plantea en este caso como una de las posibles causas que da comienzo al proceso.
La primera citación judicial, un domingo, pero sin hora concretada. A pesar de ello llega una hora tarde a la cita. Debió presentarse a las nueve. La descripción del lugar y personajes donde se realiza también deja entrever, aunque de manera menos exacta, la intencionalidad. Curioso que todos llevaran al cuello el distintivo de la organización. ¿Podía referirse a una cruz? Además, asistió para un interrogatorio que nunca tuvo lugar. Esperaban una confesión, su confesión.
            Los empleados inferiores son esos que aún están en la tierra, donde el juez de instrucción probablemente represente el cargo de sacristán. Están corruptos y son fácilmente corrompidos y manipulados. No están exentos de la Ley.
            Los empleados superiores son aquellos que guardan la ley de Dios, probablemente refiriéndose a los ángeles; son inaccesibles, inalcanzables, incorruptibles.
            El castigo por robo de un desayuno a los más inferiores empleados se lleva a cabo mediante latigazos, a modo de redención espiritual.
            El abogado Huld (Huid=Benevolencia en yiddish), se trata de un santo venido a menos. La figura de abogado representa la figura de los santos. Curiosa es la aparición de Leni, una joven promiscua con un rasgo físico muy particular que, al menos en mi pueblo, hace un siglo le habría dejado “pa´ vestir santos”.
            También es curioso que el único reproche realizado con alguna acusación formal sobre K. sea el hecho de yacer con Leni (aunque el resto no lo viera) mientras se celebraba tan importante reunión en la habitación del abogado en presencia del tío y uno de los jueces.

“…mis conocidos, no posee el derecho a otorgar una absolución definitiva, este derecho sólo lo posee el tribunal supremo, inalcanzable para mí, para usted y para todos nosotros.”

El pintor Titorelli es uno de los personajes más característicos. Con un apelativo claramente italiano, se dedica a realizar retratos de jueces. No reconozco bien a quien quiere referirse con esa figura, pero sí su importancia. Alojado por la organización de forma gratuita en una pieza bastante pequeña, el protagonista se ve obligado a tratar con niñas. Curiosamente es la jorobada la que lidera el grupo. En realidad son monjas que K. trata como a niñas debido a su infantilismo virginal; la jorobada es la madre superiora.
El dato mas revelador sucede en la habitación de Titorelli, cuando le habla de los tipos de absoluciones, donde sólo dos de ellas pueden conseguirse en vida, o antes del juicio (la muerte del individuo):
La absolución real es el cielo. Se conoce de leyendas que confirman este tipo de absoluciones, no podría expresarse más claro. También es imposible conocer la sentencia antes del juicio. Tintorelli debe ser una figura humana, puesto que no tiene conocimiento de este tipo de sentencias.
La absolución aparente es la expiación de los pecados (aún no tengo muy claro si pudo referirse al bautismo). Entonces los jueces de rango inferior dejan de incordiar, hasta que descubran que el acusado no procesa, dando un nuevo comienzo al proceso.
La prórroga indefinida se asimila con el concepto de creyente ferviente que acude a actos religiosos y colabora intensamente con la organización.

“Era erudito pero sin contenido alguno. Ante todo mucho latín,…” “Ha estado todo el tiempo arrodillado al pie de la cama, con los escritos que le has dejado abiertos,…”

El comerciante Block transmite el sentimiento de culpabilidad que puede llegar a crear una citación semejante. Su comportamiento, cual devoto religioso, no deja de ser llamativo tanto por sus expresiones como por su escenificación. Afirma tener en lista a cinco abogados (santos, o tal vez pueda referirse a amuletos) además de Huld. ¿Cómo se reúne con ellos si no se ausenta de allí?
El penúltimo capítulo, En la catedral, revela numerosos indicios, siendo el más importante el modo y el lugar donde se sucede la mayor parte del mismo. Su famoso relato Ante la ley, aquí presente, representa la entrada al cielo. El tercer guardián es Dios.
El final no representa más que la muerte del protagonista, angustiado por la necesidad de conocer el desenlace, que acaba sugiriendo el suicidio de Josef K.
Kafka decide poner el punto final a la obra en el momento de conocer el veredicto.

Josef K. no fue enterrado en campo santo.  


            Y este es mi análisis sobre la que, bajo mi punto de vista, se trata de la obra más “desconocida” de Kafka, y por esa razón, la más conseguida. Lamento dejarme tantas cosas olvidadas (como la relación que guarda el proceso individual de K. con la dignidad familiar), y otras que no he sido capaz de desvelar (los tres cuadros idénticos de Titorelli) y que seguro que también tienen relevancia; pero se trata únicamente de un primer repaso (en un segundo repaso pude dar explicación a este misterio, entre otros: El misterio de la santísima trinidad). Estoy seguro que los eruditos en la materia sabrán encontrar todas y cada una de las referencias del autor, puesto que aún estando en el camino equivocado me han sido de mucha ayuda para desentrañar tan comprometida obra.

“Era como si la vergüenza debiera sobrevivirle.”



-JUAN JOSÉ AGUILERA MUÑOZ-